La conciencia en la inteligencia artificial. ¿Puede llegar a tenerla?
- 26 sept 2025
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La idea de conciencia en la inteligencia artificial inevitablemente nos trae a la mente imágenes de películas de ciencia ficción, y las más famosa y que hay que ver y nombrar, es ‘2001: Odisea del espacio’, donde el superordenador HAL-9000 parecía tener voluntad propia al actuar para protegerse.
Así que teniendo en cuenta que los investigadores y desarrolladores de proyectos de IA trabajan intentando alcanzar los objetivos que se han visto y leído en las historias científicas de un posible futuro, aparece uno de los grandes debates del momento.
¿Puede una máquina algún día tener conciencia? Pues la verdad es que antes de responder, hay que aclarar algo importante, y es que ni la ciencia ni la filosofía han definido con precisión qué es la conciencia todavía.
Por eso, en este artículo, vamos a analizar la conciencia como concepto ligado al pensamiento propio, y a comentar la información que tenemos sobre si la inteligencia artificial generativa podrá llegar a alcanzarla en algún momento.
¿Qué entendemos por conciencia?
Por lo general, si hablamos de conciencia estamos refiriéndonos la experiencia subjetiva de cada ser vivo, es decir, al hecho de sentir, percibir las cosas y el tener un punto de vista propio sobre la realidad.
Se podría decir que es eso que hace que se tenga un determinado carácter, que se defiendan ciertos ideales, o que se sufra por los sentimientos, pero como hemos dicho, esto es algo más bien metafísico, puesto que la definición científica no es perfecta, aunque hay un consenso general para definirlo como los procesos biológicos ligados a la percepción, la atención y las sensaciones internas.
Con respecto a esta definición, un hito interesante es la Declaración de Cambridge de 2012 sobre la conciencia, en la que un grupo de neurocientíficos afirmó que muchas especies, incluidos varios mamíferos y aves, muestran suficiente evidencia de tener una experiencia subjetiva, como para tratarlas como seres capaces de sentir.
Pero por supuesto, se entiende que la conciencia es algo propio de los seres vivos, e incluso no de todos. Por lo tanto, la inteligencia artificial, al ser una creación humana, en principio, nunca podría tener conciencia propia, porque eso significaría, que actuaría como un ser vivo.
Que la inteligencia artificial imite la forma de comunicación humana no significa que tenga conciencia
A menudo la confusión con respecto a la posible revolución de la inteligencia artificial aparece porque las IA conversacionales actuales saben escribir con bastante coherencia, hasta el punto de que parece que se está hablando con una persona real.
Pero lógicamente, para los agentes de IA, esto no equivale a tener vivencias internas, más bien, es la sensación que tenemos nosotros como humanos al interactuar con ellas, lo que nos hace pensar que efectivamente la máquina tiene emociones como nosotros y piensa lo que está diciendo.
Alan Turing ya propuso en 1950 una prueba para medir si una máquina puede comportarse como un humano en una conversación escrita, y dicha a prueba, así como sus variantes posteriores, miden la posible similitud en el comportamiento, no la presencia de una experiencia subjetiva.
Los modelos más avanzados de procesamiento del lenguaje natural funcionan prediciendo la siguiente palabra según patrones aprendidos a través de grandes conjuntos de texto, y la verdad es que son extraordinarios para generar respuestas a todo tipo de preguntas, pero esa habilidad es solo eso, una predicción estadística muy bien programada.
Las capacidades y los límites de la inteligencia artificial según los expertos con respecto a la conciencia
La verdad es que en los últimos años, sobre todo desde el lanzamiento de Chat GPT, las IA han progresado mucho y son capaces de traducir documentos, generar código, crear imágenes, y un largo etcétera.
De hecho, mediante el desarrollo de chatbots para empresas, las charlas con herramientas conversacionales de IA pueden parecer sorprendentemente ‘humanas’.
Aun así, la mayoría de investigadores incluyen una distinción clara entre la competencia funcional y la experiencia subjetiva, los expertos de la comunidad científica advierten que aparentar sentimientos, o deseos, no prueba que realmente los tengan.
Algunos directivos de empresas de IA y científicos creen que estamos acercándonos a sistemas con capacidades cada vez más generales, pero la distancia entre el comportamiento y la conciencia sigue siendo un motivo muy interesante de debate.
Hay una ambición reconocida por alcanzar la inteligencia artificial general, y al mismo tiempo, se sabe que los sistemas actuales carecen de algunas capacidades clave que tendrían que aparecer para que hablásemos de algo equivalente a la mente humana.
¿Qué tendría que ocurrir para que una IA fuera consciente?
Por supuesto, con respecto a esto no hay una suposición única, pero el debate sugiere varias vías hipotéticas, donde una opción sería que una arquitectura artificial reproduzca con fidelidad los correlatos neurales de la conciencia humana, de modo que los patrones dinámicos que acompañan a la experiencia surjan también en un sustrato no biológico.
Otra posibilidad es que aparezca un tipo distinto de conciencia, no humana, soportada por computación especializada y redes que procesen información de formas inéditas que las personas todavía no conocen.
En cualquiera de los dos casos, surgirían dos dificultades prácticas. La primera es la verificación, que sería cómo distinguir entre una simulación perfecta de conciencia y una experiencia real, y la segunda es la ética, ya que si aceptamos esta posibilidad, deberíamos plantear deberes y derechos hacia estas entidades para que se integren en nuestras sociedades.
La ciencia de la conciencia busca correlatos neuronales observables que se asocien con experiencias subjetivas, y en humanos se usa la resonancia magnética, el electroencefalograma y las pruebas conductuales.
Pero para las máquinas, haría falta un marco análogo que analice los comportamientos internos del sistema y otros criterios teóricos sobre qué patrones físicos podrían generar una experiencia subjetiva en los sistemas computacionales.
¿Qué podemos esperar en los próximos años y cómo prepararnos para ello?
Lo más razonable es esperar más avances funcionales, a través de modelos más competentes, que sean mejores en razonar sobre ciertas causas, en planificar y en aprender de datos en tiempo real.
Sobre la conciencia, la opinión mayoritaria entre expertos es de una prudente incertidumbre, ya que algunos creen que podría aparecer en sistemas muy complejos, mientras que otros sostienen que la experiencia consciente requiere de condiciones biológicas particulares que no se pueden replicar.
Así que la pregunta de si una IA puede ser consciente no tiene hoy una respuesta definitiva, ya que la verdad es que hay argumentos sólidos en ambos lados y trabajos científicos que muestran por qué conviene estudiar el tema con rigor, así como advertencias sobre el riesgo de atribuir sentimientos a lo que puede ser un sofisticado simulador.
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